El fenómeno de la globalización,
desde su planteamiento actual, lleva asociada intrínsecamente la generación de desigualdad,
y la cooperación puede ser una de las principales vías para combatirla, para
redistribuir la riqueza que este sistema les quita a las zonas y sectores más
desfavorecidos. Ya que la globalización por si misma generalmente solo
globaliza aspectos negativos, la cooperación debe encargarse de que también se
produzca la globalización de los aspectos positivos.
La cooperación al desarrollo no
supondría una estrategia total para combatir la globalización capitalista, ya
que se trata de una vía institucional enmarcada en las propias reglas del juego
del sistema, y al tratarse únicamente de una reforma parcial refuerza el
sistema y es utilizada para legitimarlo, pero no elimina el daño, sino que
simplemente lo reduce, lo mantiene, lo controla, y por tanto lo perpetúa. La
cooperación internacional entre las clases desfavorecidas de todo el planeta no
debería producirse enmarcada dentro de las reglas del sistema para que se
tratara de una cooperación real, en red, regida por la solidaridad y el altruismo,
los derechos fundamentales y la justicia social, de manera horizontal y
promoviendo la autonomía de todos los nodos.
La globalización es negativa en cuanto a que solo se produce principalmente en aspectos económicos, no hay una globalización de derechos ya que la lógica del sistema capitalista es totalmente contraria a la globalización de estos derechos porque se basa en la explotación de una mayoría para el enriquecimiento de una minoría.
Ese el problema de la globalización, que todo se rige por criterios económico y financieros, y ha supuesto la consolidación del sistema de capitalismo salvaje en el que nos encontramos, que quiere transformar toda nuestra realidad en un enorme mercado donde todo es un producto que se puede comprar y vender. La globalización es una mera exportación e imposición del modelo económico capitalista al resto del mundo, que necesita una constante expansión para su sostenimiento, y que tiende a la absorción de todos los otros modelos y a la unificación en un sistema capitalista global.
De esta manera el capitalismo se sostiene, pero no es sostenible, ya que al necesitar una constante expansión es totalmente contrario a la sostenibilidad, unido a que se basa cada vez más en una economía especulativa desligada de la economía real. Y el modo en el que se están llevando a cabo las interconexiones entre las distintas poblaciones y sus territorios, genera casi intrínsecamente relaciones de dependencia entre diferentes países y regiones, en vez de fomentar la autonomía y autosuficiencia cada unidad de población, promoviendo un desarrollo no sostenible de los ecosistemas, que solo son vistos bajo criterios económicos.
El problema ecológico-medioambiental debe ser uno de los temas principales en la agenda política de cooperación internacional, desarrollar entornos y comunidades sostenibles. Debe tenerse muy en cuenta, ya que, respecto a los problemas de cambio climático y calentamiento global, nuestros países son los principales culpables de que esto ocurra, pero son los países más pobres los que sufren peor las consecuencias, porque son los que menos preparados están para fenómenos meteorológicos de gran magnitud, para el hambre de las malas cosechas y los cambios estacionales, contaminación de los océanos, escasez de agua, desecación de mares y pozos, etc.
Ahora el imperialismo no lo llevan a cabo los Estados, lo llevan a cabo corporaciones privadas, que monopolizan cada vez más el capital en unas pocas manos. Se produce una centralización del poder, cada vez más, en supraintituciones internacionales/globales, y en esas pocas manos de individuos que poseen casi todo el capital (acumulación, concentración del dinero, del poder y de los recursos), unificando el criterio dinero=poder.
Igual que tampoco hay globalización de conocimientos técnicos, porque los conocimientos se rigen también por criterios económicos, y solo se benefician de ellos los países y la población que pueden pagarlos, lo mismo que ocurre con la tecnología. La cooperación debe producirse también en estos ámbitos, desarrollando una gestión participativa, compartida y altruista del conocimiento, buscando la eliminación de su comercialización y mercantilización.
Sólo se han diluido las fronteras económicas, las fronteras para las personas siguen existiendo más que nunca, generando cada vez más criterios de exclusión y, generando más fronteras exteriores entre los países y los denominados Primer y Tercer mundo, y a nivel interior reduciendo cada vez más el espacio público y creando más fronteras de espacio privado regido por los niveles de consumo y poder adquisitivo, es decir, de nuevo criterios económicos. Por tanto, encontramos cada vez más criterios de exclusión tanto a nivel nacional como internacional.
Los criterios de exclusión se establecen del Primer Mundo al Tercer Mundo en todos los ámbitos. Principalmente inmigración controlada solo cualificada, fronteras físicas y simbólicas, no acogida de refugiados, criterios estrictos de diferenciación de términos de refugiado-inmigrante para excluir aun a más personas, no cumplimiento de los acuerdos de acogida de refugiados, auge de la ultraderecha, populismo fascista nacionalsocialista, etc., entre otros muchos ejemplos. Se contienen los problemas, pero no se resuelven. La globalización no es beneficiosa para los habitantes de estos países, solo para los habitantes de los nuestros, y aún entre los nuestros, sólo benefician a unos pocos.
La globalización no es beneficiosa para los países menos desarrollados, porque somos los países más desarrollados los que decidimos los criterios en los que se establecen las relaciones con sus países, no ellos. Nosotros marcamos las reglas de la globalización, de tal manera que a lo que nos beneficia les decimos “sí”, y a lo que nos perjudica les decimos “no”. Es más, manipulamos para que no sepan que tienen que decir que no o simplemente no les damos la oportunidad de decir que no. Del mismo modo, los criterios de cooperación también los establecen los países más desarrollados desde la perspectiva capitalista, y la cooperación se convierte es una máscara o un parche para paliar y lavar la imagen de lo que realmente se está haciendo. Por tanto, el problema de la cooperación, es que, al ser planteada desde una perspectiva capitalista, está basada en la competencia y no en la cooperación, de tal manera que la globalización fomenta la competencia entre países en vez de facilitar las sinergias.
Como efecto positivo de la globalización, podríamos señalar que facilita la mediación e intervención en conflictos internacionales, por parte de terceros países u organizaciones internacionales, salvando la contrariedad de que pueden estar situados físicamente muy alejados de las zonas en conflicto. Debiéndose apostar siempre por estrategias pacificas de resolución de conflictos como la mediación internacional y como mucho por el arbitraje, en detrimento de estrategias no pacificas como la violencia aprovechando la superioridad tecnológico-militar. Un problema de esta mediación e intervención internacional, es que suele ser aprovechada por los países con más poder en su propio beneficio, en vez de en beneficio de las partes en conflicto. Como se ejemplifica claramente en los casos en que un mismo país suministra armas y material militar a los dos países que se encuentran en conflicto.
Igual que se redistribuye teóricamente la riqueza a nivel interno en un país mediante el sistema de recaudación y redistribución de los recursos - donde juegan un papel fundamental los Servicios Sociales -, a nivel internacional y global debería hacerse esta redistribución a través de la cooperación al desarrollo. Debería ser una obligación moral para todos, “que los que más tiene ayuden a los que menos tienen”. Y por ello, estas ayudas no deberían tener que devolverlas prácticamente en su totalidad, igual que ocurre con las prestaciones sociales que tenemos a nivel interno en nuestro país, que en ningún caso tienes obligación de devolverlas, lo cual mercantilizaría aún más las relaciones de ayuda. Y estas ayudas deben concederse sin buscar nada a cambio más que el beneficio de la otra parte, de forma altruista y solidaria, y porque es de justicia social, sin buscar en ningún momento sacar un beneficio futuro porque no deben ser ni préstamos ni inversiones ni medidos ni clasificados bajo ningún tipo de terminología económica.
La ayuda, si realmente es una ayuda, no puede generar aún más desigualdad, por lo que deben establecerse relaciones de autonomía y horizontalidad, no de dependencia y dominación. Y esta cooperación también debe ser realmente una cooperación al desarrollo, es decir, que no puede ser un mero asistencialismo que se encargue de satisfacer las necesidades básicas al día sin proyección hacia el futuro, sino que debe promover la igualdad de oportunidades a largo plazo de esas poblaciones, para que las generaciones de niños futuros vean aumentada su calidad de vida y sus posibilidades de desarrollo personal respecto a la base de la que partieron sus predecesores.
Además, las medidas que se toman, responden a un enfoque de necesidades y no de derechos, y, aun así, no se responde a esas necesidades de manera real. Si se tratara de un enfoque de derechos, operativizando derechos humanos, que ellos tengan el derecho a esa ayuda, conllevaría que alguien - una institución de su país o de otro país, o alguna institución internacional - debe tener la obligación de garantizar que se cumplan esos derechos. Y el ejercicio de esos derechos debe garantizarse mediante la cooperación al desarrollo, como una obligación de los países más desarrollados con los menos desarrollados; debería ser una obligación moral y debería establecerse también por la vía legal para que sea obligatorio llevarla a cabo.
Unido a nuestra culpabilidad
histórica, por nuestra responsabilidad directa o indirecta, o como mínimo
nuestra corresponsabilidad, de la situación y problemáticas actuales de los
países denominados del Tercer Mundo. Por nuestro imperialismo, conquistas y
sometimientos, exterminios, genocidios, esclavitud, opresión, extorsión,
aculturación, etc. Y actualmente por la globalización capitalista que utilizamos
contra ellos, explotación antes ejercida mediante la fuerza de las armas y actualmente
mediante la fuerza del dinero, realizando esa explotación de manera
aparentemente legitima.
También remarcar, que sí el Tercer Sector actúa ayudando a estos países, es por dejación de funciones del Sector Público, que es el que debería estar obligado a ello, ya que la cooperación al desarrollo debería ser realizada por nuestros Estados, no por nuestras ONGDs. Podríamos resumir así, de manera simplista, la cooperación al desarrollo entre países: “el Sector Privado se aprovecha, el Sector Público ayuda, pero se aprovecha, y el Tercer Sector ayuda, pero aun así dentro de él hay individuos que se aprovechan”.
Por todo ello, debemos promover
una globalización diferente, un cambio en las relaciones internacionales, una
cooperación al desarrollo real, para lograr una sociedad global inclusiva,
igualitaria y sostenible.
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